Bill Gates nos ha extendido un certificado: ¡salimos de misios! Ya no somos un país pobre. Para que nos dejemos de vainas se lo ha gritado al mundo. Lo ha hecho reclamándole a España (y con ello a todos los demás) que deje de regalarnos dinero.
Ha sido claro, el problema de la miseria está por otro lado. Los que necesitan ayuda están en África, en zonas de Asia y, sin duda, en algunos países de América Latina, pero nuestro país ya no califica como pobre.
Perú tiene recursos para ser tan rico como un país europeo – ha dicho -. Así que ya tampoco tenemos derecho a pedir dinero. Nuestros problemas de pobreza y miseria los (podemos y) tenemos que resolver nosotros.
¡Nos fregamos! Tendremos que ponernos a chambear más intensa e inteligentemente pero que no califiquemos más como un país pobre no significa que no existan individuos y familias pobres en el Perú.
Los más pobres del Perú están en la selva y en la sierra y es donde menos ha llegado el progreso de la economía de mercado. Han llegado las minas, las petroleras y alguna que otra gran empresa, pero ni los nativos de la selva ni los campesinos han logrado aún integrarse con independencia a la dinámica de la creación de la riqueza.
¿Tenemos fondos para “asistirlos”? ¿El MEF pondrá a disposición de los ministerios y las regiones el dinero para programas de educación, infraestructura y financiamiento que otorguen independencia productiva a los nativos y a los campesinos?
Lo he dicho antes en esta misma columna. Los que aún son pobres lo que necesitan es “educación práctica” relevante para sus vidas y no programas de dádivas sociales. Educación en el saber hacer dinero, en el saber construir sus casas, en la implementación de mejoras en sus unidades productivas.
Los nativos y los campesinos necesitan “profesionalizar” sus actividades económicas. Ello les permitirá incrementar la productividad de sus recursos tres, cinco, diez veces. Pero también necesitan capital para hacer inversiones. Con fondos de entre mil y cinco mil soles es mucho lo que campesinos y nativos capacitados podrían hacer. Necesitan construir sus casas de manera que no se conviertan en causa de enfermedades. No necesitan que se las construyan, necesitan planos para hacerlas mejor que las que hoy construyen. Además, necesitan espacios para pensar su economía como conjunto.
Y claro, también deben acceder a mejores servicios de salud. Hay que trasladar más conocimiento y responsabilidad a los enfermeros locales. Diseñar una manera de pensar los servicios médicos para los poblados pequeños que permita resolver los problemas menores de salud antes que se conviertan en enfermedades crónicas o de riesgo de muerte. No es difícil, pero implica que salgamos del esquema médico de la sociedad occidental aprendido en las universidades.
¿Y en las ciudades? Ya la pobreza sabe que es temporal. Los pobres saben convertirse poco a poco en clase media. Pero hay miseria y está en los lugares más lumpenizados. San Cosme, por ejemplo. Convivimos en pleno centro de Lima con el nido más importante del virus de la tuberculosis de nuestro país. Estos son nuestros problemas.
