#ElPerúQueQueremos

“No nos importa que se rompa la cuerda”

Publicado: 2011-04-23

La primera vez que visité la ciudad de Houston me quedé impactado por el tremendo descuido ambiental que generaba la riqueza. Todo era inmenso: los salones, los autos, los restaurantes. El consumo de energía me pareció grotesco. Gasolina, electricidad. Salones inmensos donde nos encontrábamos apenas 40 personas con un despliegue impresionante de aire acondicionado. Venía yo de estar en la India por unos meses y el contraste con el despilfarro de la opulencia me chocó.

En esos años volví varias veces a los Estados Unidos. Eran años donde se conversaba mucho del calentamiento global. Caminando por las calles de Washington DC me preguntaba si podrían ser capaces los habitantes del país más poderoso de la tierra de frenar su consumo desmesurado. ¿Será posible que los norteamericanos renuncien por voluntad propia a los privilegios que les da ser el país más poderoso del planeta?

Mi conclusión fue que no. Era imposible para el ciudadano norteamericano ser solidario con la humanidad. ¿Quién es capaz de renunciar voluntariamente al confort? ¿Qué empresa sería capaz de renunciar a vender más? Ni aún ad portas del desastre universal.

Y, sin embargo, es tan fácil para el ser humano vivir con menos.

He recordado mucho esto en los últimos días. Qué difícil es ser solidario. Qué difícil nos es poder ver las necesidades de los otros. El confort ciega. Nos acomodamos bonito a disfrutar de nuestras cositas y las defendemos aún a costa de la vida de los demás.

He recordado los golpes en el pecho que los dueños de las grandes empresas en el Perú se dan cada vez que salen de un susto. Se golpearon duro en el pecho cuando cayó Abimael Guzmán y Sendero Luminoso se apagó. Se golpearon  en el pecho (suavemente pero se golpearon) cuando casi gana Ollanta Humala la pasada elección.

Sus actos de contrición se restringen a reuniones masivas donde todos repiten por mi culpa, por mi gran culpa, luego vienen las declaraciones bonitas y, cuando hay suerte, forman un pequeño equipo de trabajo y le piden dinero a la cooperación internacional para mantener viva una pequeña vela que les permite decir “estamos haciendo algo”.

Yo voté por un candidato que no ganó las elecciones. Perdió por hacer una campaña tonta. El otro candidato por el que pude haber votado también perdió. Ambos se anularon. Por su lado, los que ganaron su derecho a estar en la segunda vuelta lo hicieron sin trampas. Creo que lo mínimo que podemos hacer es respetar a sus votantes.

Eso es la democracia. Respetar a los ganadores sin agendas bajo la mesa. Pero lo que uno ve en estos días es un maltrato a la democracia demasiado descarado y amoral. En los últimos días dos conflictos de empresas mineras con la población local causaron la muerte de cinco personas. Y según los periodistas que han sido despedidos de Canal N, el grupo El Comercio está presionando a sus periodistas para que no hagan periodismo sino proselitismo a favor de Keiko Fujimori.

En estos días, los grupos poblacionales que ganaron las elecciones están siendo pisoteados en vez de ser escuchados con mayor atención y los medios de comunicación son cada vez más medios de incomunicación.


Escrito por

Juan Infante

Sociólogo. Experto en temas de desarrollo económico y solución de conflictos. Consultor de empresas. Formador de empresarios.


Publicado en

2032

500 años después del encuentro entre los ejércitos de Atahualpa y Pizarro. Motivo más que suficiente para que todos nuestros traumas estén superados. Terminemos de construir nuestro país. Nos quedan 23 años.