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Tomada de la web de la BBC / Getty Imágenes

Una puerta mal hecha

Publicado: 2020-08-28

He estado muy triste en estos días. La muerte de los 13 jóvenes en la discoteca me afectó. Nuestra reacción como sociedad, también. Los ánimos están crispados y se está formando una espiral tanática que debemos desactivar. Todavía nos toca soportar varios meses más esta situación anómala. Es momento de mayor diálogo y menos juzgamiento.

Organizar el futuro es una tarea creativa y hay mucho por hacer.

Si me permiten, quiero compartirles algunas ideas.

I

13 JÓVENES

En primer lugar, las muertes de los trece jóvenes, doce de ellos mujeres, no debió ocurrir. Sí, los jóvenes no debieron estar ahí, pero estuvieron.

Los padres y las madres, que hoy lloran, quizás se estén culpando de no haber ejercido una mayor autoridad. Debe ser complicado hacerlo con la juventud luego de cinco meses de restricciones. Algunos tienen las herramientas y las condiciones, otros no. Los abrazo y acompaño en su dolor.

Esa fiesta no debió hacerse, pero se hizo; y estuvo pésimo, pero no debió implicar la muerte de nadie.

La policía que intervino lo hizo cumpliendo su deber y siguiendo las consignas que han sido asumidas como correctas, pero esas consignas no estuvieron completas y, si no garantizaron la vida de los intervenidos, tienen que ser revisadas de inmediato por el ministerio del Interior.

Para decirlo en una frase de sentido común, siempre debemos de evitar que el remedio sea peor que la enfermedad y, está claro, ninguno de los policías en la intervención pensó en que esto se podía desbordar como, lamentablemente, ocurrió.

Para que no vuelva a ocurrir nada parecido, tenemos que pensar en cómo hacer estas intervenciones policiales, cuál es el protocolo correcto para intervenir a un grupo de personas alcoholizadas, quizás el punto número uno es: se deben tener las puertas abiertas, el segundo: los asistentes no deben sentir que esto es una emboscada porque pueden pretender salir huyendo.

Tanto no pensó la policía que podía desbordarse la situación que incluso invitaron a un camarógrafo para dar cuenta del “ampay” a la sociedad peruana; parecía una buena idea mostrarnos a través de la tele, cómo unos jóvenes alcoholizados infringían la norma.

Está claro que no lo fue. Las imágenes y el reporte terminaron siendo terriblemente trágicos. Los medios de comunicación, el ministerio del Interior y todos nosotros deberíamos repensar si nos ayuda concentrarnos en el ampay. Y la lógica del ampay nos ha acompañado durante toda la pandemia.

Esto ha sido una desgracia, el Perú sangra, es nuestra obligación pensar qué pasó. Más que para culpar, ya nada se puede hacer con el pasado, para que no vuelva a ocurrir en el futuro.

II

LOS EMPRESARIOS

La necesidad de ingresos está haciendo tomar a algunos empresarios y equipos gerenciales decisiones arriesgadas y no solo ilegales.

Me explico, ilegal es abrir la discoteca para una fiesta, montar eventos, atender con aforos no permitidos.

Lo arriesgado es, por colocar un adjetivo que sirva para que analicemos las decisiones empresariales, desarrollar actividades en espacios de alta aglomeración, desarrollar una actividad en espacios donde no se ha resuelto el tema de las colas (interiores o exteriores), o en lugares donde no existe una infraestructura adecuada para mantener el distanciamiento y la higiene.

Arriesgado, también es proveer a tiendas de un contingente de alcohol (cervezas y demás) a sabiendas de cómo nuestro cliente lo va a utilizar, brindar un servicio como artista o alquilar equipos en un evento ilegal.

Quizás coincidamos, esas no solo son actividades arriesgadas sino que lindan con lo inmoral y quizás con lo ilegal: no has organizado la fiesta pero has proveído de un componente esencial para ella. ¿Uno se pregunta, existe corresponsabilidad? Sin insumos (local, equipos de sonido, orquesta, trago) no hay fiesta. ¿Están discutiéndose estos temas ahí dónde corresponde?

Cinco meses después de iniciada la pandemia no estamos hablando de estos temas para ver cómo evitamos los riesgos. Solo nos concentramos en el escándalo. Pongo otro tema: siguen habiendo colas riesgosas por recojo de bonos y las soluciones implementadas no son eficaces y exponen al contagio al adulto mayor y, por tanto, a la muerte. ¿Se puede hacer de otra manera? Se debe hacer de otra manera.

Estoy seguro que nadie tenía en el mapa de posibles consecuencias un desenlace mortal como el ocurrido en Los Olivos.

El daño ya está hecho, pero ¿qué va a pasar en el futuro? ¿Estamos los empresarios reflexionando sobre esos temas? ¿Cuál es la campaña que se está haciendo en este campo? ¿Cuáles los espacios de conversación, debate, toma de conciencia?

Hoy quedan en evidencia estas malas decisiones empresariales, pero no hay evidencia sobre la reflexión organizada para tomar medidas.

¿Estamos trabajando para corregir toda la gama de decisiones arriesgadas que hemos tomado sin tener en consideración el cuidado de nuestros clientes?

Esto, lo he escrito ya muchas veces, no pasa por el concepto de “informalidad”, lo ilegal es punible, lo arriesgado debe evitarse, estas decisiones se dan con factura y sin factura, con derechos laborales o sin ellos, con licencias municipales o sin ellas. Es por eso, que no basta decir que somos “una sociedad informal”, usar aquí esa palabra “cajón de sastre” no nos está ayudando para nada.

Algunos gerentes y dueños de negocio no están tomando decisiones que lleven a evitar los riesgos que generan sus empresas y no parece haber una campaña que lleve a un cambio drástico de conciencia entre los empresarios. Debemos crear un nuevo “sentido común” empresarial y si no hablamos de esto entre todos, no corregiremos nuestros errores.

La presión por los resultados es alta y, en cierta medida, voraz. No me sorprendería que hayan empresas, pequeñas o grandes, donde la consigna sea: “hay que recuperar ventas ¡como sea!” y que ese “¡como sea!” haga que algunos empresarios, gerentes y vendedores, pongan en riesgo a sus clientes.

Tenemos que conversar.

III

LA PUERTA

La causa de la muerte de los trece jóvenes está instalada años atrás, en el momento en que se colocó una puerta de manera equivocada.

¿Cómo es que un establecimiento comercial con alto aforo tiene una puerta que se abre hacia adentro y no hacia fuera? ¿Quién asesoró esa decisión, quién la tomó, quién la ejecutó y quién la evaluó?

¿No hubo un arquitecto, dueño, maestro de obra, personal del municipio que otorgó la licencia, equipo del área de supervisión de defensa civil que se diera cuenta? ¿Por qué nadie dijo nada? ¿Por qué no hubo ni supervisores municipales, proveedores o clientes que señalen ese peligro? “Oye, tu puerta está mal hecha, cámbiala”.

¿Y cuántos otros locales en el Perú tienen el mismo problema? ¿Y cuál es la campaña hoy para corregir esas puertas?

Repito, nada se puede hacer con el pasado ni con las muertes absurdas, solo aprender de lo ocurrido y corregir, y eso, no parece que se esté haciendo.

Revisemos: ¿las muertes de Utopía dieron un cambio de actitud respecto al uso de fuego en espacios de aglomeración? no. Las muertes de Las Malvinas, fueron causadas por fuego donde no debió prenderse fuego y porque se encerró a dos jóvenes bajo llave, ¿se ha corregido esa práctica?: no.

¿Cuántos dueños siguen cerrando con llave sus talleres y tiendas aun con personal adentro, con ellos adentro? Revisen la cantidad de tiendas que están bajo reja con personal y propietarios adentro, con pasadizos estrechísimos.

No hemos corregido, no hemos aprendido, pero podemos hacerlo.

Me extraña que el ministerio de la Producción no esté trabajando en esto. Que no haya una política nacional ejecutada por los municipios que de atención prioritaria a estos temas. No se ha hecho, pero debemos hacerlo.

Así es como se construye una mejor sociedad, estableciendo mejores estándares y comprometiéndonos todos a hacerlo mejor.


Escrito por

Juan Infante

Sociólogo. Experto en temas de desarrollo económico y solución de conflictos. Consultor de empresas. Formador de empresarios.


Publicado en

2032

500 años después del encuentro entre los ejércitos de Atahualpa y Pizarro. Motivo más que suficiente para que todos nuestros traumas estén superados. Terminemos de construir nuestro país. Nos quedan 23 años.