Homeless Man Counting Money

Cualquier persona amarrada a la ignorancia se vuelve un mendigo

Una de las peores formas de discriminación (y de no inclusión) es mantener a un grupo humano al margen de los mecanismos de creación y difusión de saberes. A mayor distancia de los centros de conocimiento no solo hay mayor pobreza sino miseria. Porque el pobre evoluciona rápidamente a una situación de mejor calidad de vida cuando tiene la posibilidad de ver cómo hacerla. El pobre florece con apenas un puñado de conocimiento que ataque la esencia de sus problemas. Se hace independiente y comienza a valerse por sí mismo.

Por el contrario, sin conocimiento, cualquier persona se vuelve miserable. Deja de saber cómo desenvolverse en la sociedad y se convierte en solícito sujeto del apoyo caritativo del Estado o de la Iglesia o de cualquier alma caritativa. Cualquier persona amarrada a la ignorancia termina volviéndose un mendigo, un sujeto sin iniciativa, un dependiente y, claro, un humillado. Sin conocimiento básico y relevante para la vida, ni las personas ni las familias ni las sociedades maduran. Veamos el esfuerzo que hacen las familias en la urbe por educar a sus hijos.

¿Por qué una de las tajadas más importante en el presupuesto de una familia es la educación? Porque la educación te hace libre y productivo; porque la educación – si es relevante – te permite construir tu futuro de manera digna. La educación te libera del limosneo al que las almas buenas te quieren condenar.

Todos los gobernantes repiten la frase “hay que enseñar a los pobres a pescar y no regalarles el pescado”, e inmediatamente después de pronunciarla por primera vez, crean un programa de asistencia social que regala comida, alimentos, cocinas, dinero, casas, etc. No pueden, no saben, o las reglas de juego no les permiten cumplir con su palabra. Los presidentes tienen una voluntad flácida: claudican, siempre claudican, antes siquiera de intentar un primer logro.

¿Por qué es tan difícil enseñar a pescar? ¿Por qué tememos meternos a las aguas de los pobres? ¿Por qué pensamos que esas aguas son frías o están sucias? ¿Por qué no es de ‘primer mundo’ preocuparse por los abandonados? ¿O por pura discriminación: simplemente no nos motiva el sujeto que debemos convertir en pescador?

Campesinos, nativos de la selva, pescadores de las caletas, la inmensa población de la que nos nutrimos está abandonada a su suerte en materia de conocimiento. Algunos creen que los campesinos no necesitan un lugar donde aprender. La discriminación mayor de una sociedad es impedir que un pueblo madure sus saberes, que tenga un lugar donde aprender y compartir conocimientos.

Una ‘universidad campesina’ es algo por lo que todos deberíamos luchar. El campesino tiene el acceso bloqueado para aprender cosas nuevas: tecnologías, negocios, construcción de vivienda, mejoramiento de cultivos y de técnicas, mecanismos financieros.

¿Dónde se entera de oportunidades que hoy no tiene oportunidad de ver? ¿Dónde puede conocer como otros hacen mejor eso que ellos también hacen? Por eso se requiere una Universidad Campesina.

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Granja Porcón 3 – CJA – Todo Peru.preview

La universidad de los campesinos


Creo que es bueno comenzar a hablar de la responsabilidad de los campesinos de tener una agenda propia de intereses que no pase exclusivamente por una reacción a favor o en contra de un proyecto minero o por negociar empleos en la mina y algunas otras prebendas.

Lo mismo podemos exigirles a los nativos de la selva. Sus agendas no pueden comenzar y terminar en la negación – justificada o no – o la simple y exclusiva negociación monetaria y laboral del pequeño grupo de suertudos bajo cuyas tierras se encontró mineral.

Y esto, más allá de si el Estado y la minera Yanacocha logren vencer las resistencias de la población cajamarquina que se opone a Conga o que la victoria los opositores.

No nos engañemos, la oferta social de las mineras y del canon ha sido una sonsera. Hasta ahora, son pocas las cosas positivas en la vida de las personas cercanas a los yacimientos y, aún menos, en los poblados y ciudades de los distritos, provincias y regiones. Por eso, son tan frágiles sus relaciones con la población con la que se vincula.

Porque un poco más de dinero generalmente mal utilizado y hasta dilapidado no es un mejor escenario si lo comparamos con lo que podríamos llamar la arcadia campesina. Arcadia que el campesino utiliza con éxito para aflojar el puño de las mineras pero sobre la cual no construye ya más nada.

Los campesinos se han empobrecidos por años, debido a su incapacidad de tener una agenda programática de desarrollo. Incapacidad que se explica en parte por el daño que les infringió ser el territorio principalísimo de la guerra interna, además de la migración o muerte de sus principales líderes y, por supuesto, por el sucesivo abandono de la sociedad, los intelectuales y los gobiernos de turno.

Los campesinos extrañan y defienden una arcadia que evidentemente no funciona. La vida del poblador rural serrano y selvático es muy sufrida y ellos, lo saben y lo lloran.

Por eso, necesitan una ayuda que aún no sabemos dar. Ayuda para recomponer su identidad y para comprender el pasado reciente desde la reforma agraria. Ayuda para explicarse su presente e imaginar y construir su futuro, para articular una agenda que les permita contribuir con el país y aprovechar las oportunidades que hoy se han abierto en las ciudades del Perú.

Los campesinos serranos y los nativos amazónicos no son enemigos del progreso sino nuestros hermanos más abandonados. En mi experiencia, ellos reclaman por sobre todas las cosas conocimiento y herramientas para su desarrollo.

En Cajamarca hay un lugar hermoso para fundar la primera universidad campesina del país: la Granja Porcón. Hasta hace unos años ellos estaban dispuestos a ser la primera sede de las cuatro o cinco que se requieren. Un lugar donde lleguen los líderes campesinos y campesinas de todo el Perú. Ahora también están los Yachachiq que van caserío por caserío. Ojalá que este tema entre en las negociaciones.

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h

Atreverse no basta (¿Empresarios o emprendedores?)

Para hacer empresa no basta atreverse. Somos ya demasiado los atrevidos pero pocos los que tenemos empresas rentables. El ímpetu de iniciar un negocio no es ya la que debemos festejar en el Perú.

Ya lo sabemos, somos gente que jamás se morirá de hambre. Pertenecemos a una tribu que es  experta en inventarse los frejoles. Apreciamos nuestra vida y, a diferencia de otras sociedades,  somos capaces de trasgredir las normas, si es necesario, con tal de dar a nuestras familias un plato de comida o un espacio para dormir. Hemos invadido pistas y desiertos y desde ahí hemos construido nuestro progreso.

Ya está, somos gente con punche. Pero ¿eso basta?

Yo creo que no, ya no basta. Hace rato que estamos siendo muy autocomplacientes con ese rollito. Toca ver si somos capaces de tener empresas sólidas. Ahora, lo que tenemos que hacer, es retarnos a crecer, a poner más sucursales, a salir a otros distritos, conquistar otras regiones ¿Podremos?

Nuestra meta debe estar en el crecimiento; y, para crecer y consolidar, tenemos que cambiar. Ya no basta el atrevimiento, ya sabemos que sabes emprender. Ahora necesitamos disciplina, orden, organización. No es lo mismo crecer que inventarse una chamba.

Ya no basta el énfasis en el “yo emprendedor” ya no sirve el aplauso a nuestra capacidad individual de recursearnos. Ahora hay que aprender a delegar, a seleccionar y hacer equipo, a confiar en las capacidades de los otros. Hay que animar y facilitar los procesos para que muchas aprendan a hacerlo.

Debemos aprender a confiar en que hay largo plazo. Ya no basta pensar en la comida de mañana, ni en llegar a fin de mes; hay que aprender a crear nuestro futuro de manera más ambiciosa.

Y por supuesto hay que aprender a organizarnos en gremios. Lamentablemente, somos aún un desastre para ponernos de acuerdo. Los pequeños empresarios no sabemos actuar en conjunto y por eso siempre nos comen vivos. Nos comen vivos los bancos, los proveedores y, por lo general, los gobiernos locales.

¿Hace cuántos años que no hay política de promoción a la pequeña empresa en el Estado peruano? ¿Por qué en vez de fortalecerse se ha debilitado? ¿Por qué hasta ahora no se sabe que hará el gobierno del Presidente Ollanta Humala en nuestra materia?: Pues porque no sabemos luchar por nuestros intereses y porque creemos que toda acción conjunta es una pérdida de tiempo.

Podemos ser complacientes con nosotros mismos, mirar nuestro punto de partida y enorgullecernos, pero ¿eso nos ayuda ahora? Yo prefiero pensar que tenemos deberes con nuestro país, que aún no hemos hecho nada, que tenemos habilidades para hacer más.

Tenemos que ser mejores empresarios.

* Publicado en el suplemento Mi Empresa del diario El Comercio el domingo 8 de enero del 2012.

Juan Infante es gerente general de www.diempresa.com

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indignada

Es momento de aprender a gestionar la irritabilidad de la población

La campaña navideña no fue buena. No por lo menos en mi sondeo con empresarios de Gamarra y los de la calle Conquistadores. Tampoco lo fue según los taxistas a los que les hice la pregunta. La gente se inhibió de comprar. La razón según ellos: el conflicto por Conga (tensión de todo noviembre y el cambio de ministros en diciembre).

Un conflicto como el de Conga afecta no solo a Cajamarca, a Yanacocha o a la actividad minera. Nos afecta porque a todos se nos eriza la piel. La irritabilidad va en contraposición a generar condiciones saludables de crecimiento. El erizamiento social genera siempre un desastre comercial.

Pasó ya en el 2001. Al inicio del gobierno de Toledo, las huelgas generadas por sindicatos se prolongaron hasta casi mediados de diciembre y tiraron por la borda la campaña navideña. Deberíamos ser conscientes que es necesario gestionar nuestra irritabilidad para que los conflictos no terminen de aguar la fiesta a los trabajadores, empresarios y familias del país.

Tener el conflicto irresuelto en Cajamarca jode y es un asunto nacional. Más allá de su desenlace, de que vaya o que no vaya; su prolongación, afecta a toda la nación.

Repito lo que escribí hace un tiempo: no es posible que los involucrados en la actividad más rentable del país sean tan torpes en el manejo de sus relaciones con los pobladores de los territorios en los que se instalan. No es posible que los pueblos con los que se vinculan los detesten y estén siempre tratando de golpearlos, algo – de hecho – están haciendo mal.

El pueblo desarrolla medidas extremas como un paro cuando se siente no escuchado. La protesta social estalla cuando hay desazón de larga data y un acumulado de demandas irresueltas. Pero ello no basta, se necesita un detonante, una provocación inaguantable.

Los del lado del poder no deben activar los detonantes. Ni los empresarios mineros, ni los ejecutivos de las minas, ni los funcionarios del Estado deben ser tan negligentes.

La tontera de la revocatoria va en la misma línea. Lima vive un retraso de décadas en su infraestructura urbana y también en su calidad ciudadana. Van décadas en que la administración municipal no tiene el presupuesto que requiere. Sumado a esto, los que habitamos Lima, no sabemos portarnos bien en nuestra ciudad.

Van, además, dos décadas en que hacer las cosas necesarias es cada vez más difícil para un funcionario público que quiere cumplir con la ley. Las barreras para el gasto y la inversión hacen lento todo en las gestiones municipales y regionales.

Con la revocatoria, un grupo de mañosos se quiere tumbar a la alcaldesa Villarán. Si permitimos que progrese su campaña tendremos encrespada a Lima por las puras.

Por ello creo que en estos dos temas tenemos que sumar fuerzas: ayudar a resolver la relación minas – población y facilitar presupuesto y condiciones a las ciudades para que puedan ejecutar las obras necesarias con rapidez. En ambas líneas se necesitan propuestas y espacios de diálogo.

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nervios

Estados Alterados

Los peruanos no estamos bien de los nervios. Estamos erizados, con la bronca a flor de piel. No sé si ha sido solo el complicado 2011 o, en realidad, veníamos con tensiones acumuladas durante el gobierno de Alan García. Lo cierto es que todo el año que se va ha estado lleno de situaciones tensas.

Varias veces hemos tenido que tomar posición a favor o en contra, seleccionar entre dos opciones claramente opuestas y ello, muchas veces, nos ha hecho entrar en conflicto con miembros de nuestra familia, amigos, colegas, gente que apreciamos.

El año 2011 nos hemos peleado mucho, y aún no ha habido momentos de reconciliación. Hemos visto partidos ganarse en la cancha, para luego, casi inmediatamente, vernos envueltos en disputas en mesa. Varios que ganaron sus partidos en la cancha – ignorando que todo se iba a volver a negociar – los han perdido luego en la mesa.

Lo que es más grave es que también hemos visto y estamos viendo, sin que nuestra sociedad reaccione, cómo muchos de un lado y de otro, quieren ganar sus partidos más allá de la cancha y la mesa con oscuras movidas debajo de esta última. La sociedad ha perdido estabilidad y el Estado viene perdiendo mucha credibilidad, lo cual nos va a ir llevando del desorden al conflicto, y de este vamos a pasar rápidamente a la violencia. ¿Queremos esto para el 2012?

A lo anterior hay que sumarle una prensa demasiado escandalosa, parcializada y poco reflexiva. Una prensa que infla casos, crea historias a costa de los protagonistas y toma partido a diario, pierde toda credibilidad. Si seguimos sumando, debemos poner sobre el tapete también el trabajo consciente por la banalización de la sociedad desarrollado en una porción más que importante de los medios de comunicación.

Mientras tanto, no se generan ni enriquecen las doctrinas de desarrollo, no se enriquecen las ideas, ni el análisis de los problemas, ni el debate de las soluciones y menos, mucho menos, la capacidad de gestión de los equipos de gobierno.

Existe una responsabilidad mayor en los líderes del país: hay que ponerse de acuerdo. Hay que dejar estas actitudes infantiles y comenzar a darle gobernabilidad a nuestro país. Cualquiera que observe desde afuera lo que pasa en el Perú reclamaría más cordura a sus clases dirigentes.

Hay demasiado trabajo que no se ha hecho. Demasiada estructura débil en el Estado. Demasiadas porciones del Estado que no funcionan. En el sector empresarial prima la chatura de los intereses primarios. Sumado al egoísmo está la coñetería con la sociedad, mientras en otros países la empresa se jacta de sus donaciones, aquí hay que sacárselas con amenazas. A la empresa le falta compromiso con el país. Por el lado de los intelectuales y los profesionales destacados ni que se diga, reducimos todo a broncas menores, a conflictos irresueltos en las aulas universitarias.

¿Con qué cara le queremos reclamar a los pobres cuando han estado tan abandonados?

Publicado en Diario16 el sábado 31 de enero.

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el perol

Razón de vivir

La vida no tiene como valor fundamental el comprar cosas, sin embargo, ¡qué enganchados estamos con aquello! La vida no se pasa bien cuando estamos todos embroncados, ¡pero como nos cuesta llevar la fiesta en paz! No tenemos, ni por asomo, un mundo grato para vivir y, sin embargo, nos empeñamos – aquí y en el globo – en continuar bajo los mismos paradigmas que no producen ni felicidad ni armonía.

Esta época es una muestra clara de nuestra locura colectiva, el símbolo de la mayor anomalía de la sociedad occidental. La Navidad debe ser una fiesta de amor, pero es, sin duda, la temporada de mayor estrés de la humanidad. ¿Paradójico, no? Esta manera en que vivimos la navidad es la señal que debemos cambiar, de que tenemos que poner el acento en otras cosas. Es una urgencia, pero sobre todo un acto de inteligencia individual y colectiva.

La manera como aún vivimos fue fundada con la revolución industrial, pero sus bases aparecieron antes, con la consolidación de las grandes ciudades y la invención de las instituciones básicas del Estado, el mercado y la sociedad. Varios siglos después debemos ya acometer la tarea de imaginarnos una sociedad diferente. Sobre todo cuando en las últimas décadas, con la aparición de las ambiciones colosales de las corporaciones y las nuestras, nos hemos zambullido todos en el baile del compra-compra-compra destruyendo nuestros nervios y los de nuestro planeta.

Yo creo que estamos presenciando la etapa final de una forma de organización de nuestra sociedad. Lo creo porque ya somos muchos los inconformes y porque hay demasiadas cosas que denotan un accionar muy estúpido y, nadie que se da cuenta, quiere comportarse como tal. Estamos viviendo bajo el paradigma de tener, y hemos abandonado nuestro ser. No necesitamos de tantas cosas, pero vivimos en una puja infernal por apropiarnos de todo.

Cuando salgo al parque con mi bebé y veo tantos niños en manos de preciosas y amables mujeres pero sin sus padres, no puedo dejar de preguntarme: ¿necesitamos realmente tanto dinero para echarnos a disfrutar de la vida? ¿cómo pueden perderse – papá y mamá – de tantos momentos con sus hijos?

El mundo va a cambiar porque hay demasiadas cosas tontas que nos estamos obligando a hacer y no estamos siendo felices. Por eso creo que la noción de felicidad va a pasar por una transformación radical. De aspirar a tener, a ser. Y para ser no se necesita de tanto. ¿Recuerdan las películas y series de ficción de antaño: la humanidad viviendo en naves espaciales absolutamente minimalistas? Quizás ahí esté el nuevo modelo. No necesitamos destruir la Tierra para vivir de esa manera.

Morirá la moda porque podemos vivir con mucho menos trajes. Morirá la carrera loca por el invento de más y más artefactos, y en su reemplazo volverá a aparecer el ser humano como eje de todo. Estas navidades no puedo dejar de pensar en los campesinos que subieron a la laguna El Perol. ¿Qué haremos cuando ya no necesitemos hacer tanto? Cuidar la tierra, cuidar el agua, cuidar nuestros animalitos y, sobre todo, cuidar de nuestras familias. ¡Feliz Navidad!

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Cuy 2

¿Sufrimos en el Perú de enanismo empresarial?

Creo que ya es hora de pasar del regocijo a la preocupación. Del “somos un país de emprendedores” al “somos un país que sufre de enanismo empresarial”. De la adulación al empuje emprendedor a laexigencia al empresario.

¡Nuestras empresas deben crecer! ¡Nuestros empresarios deben aumentar sus capacidades de gestión! ¡Nuestros trabajadores deben volverse más productivos y tener la posibilidad de ganar mejores sueldos!

Tenemos demasiadas empresas que no dan utilidades a sus socios y mucho menos a sus trabajadores. Demasiadas empresas con sueldos gerenciales bajos y con sueldos paupérrimos a sus empleados.

Un porcentaje demasiado alto de empresarios no cuenta con seguro de salud ni mecanismos de ahorro para su jubilación y un porcentaje similar de trabajadores pasa por la misma situación. Lamentablemente, tampoco existe capacidad en la mayoría de empresas de soportar esos costos ni una cultura de búsqueda del aumento de la productividad ni de capacitación del personal ni de los empresarios.

Somos muy autocomplacientes y cortoplacistas, pequeños dioses al interior de nuestras empresas, pero despreocupados humanos cuando se trata de hacer crecer nuestros negocios.

Es imprescindible que comencemos a ocuparnos de la consolidación empresarial. Tanto a nivel individual como a nivel del Estado.

A nivel individual es hora de hacer una autocrítica. No estamos luchando por nuestro crecimiento. No participamos en gremios, no tenemos claro cuáles son nuestros intereses, no nos capacitamos, no negociamos con la banca, no estamos concentrados en mejorar constantemente. Vivimos aún en la lógica de los ochentas, cobra y disfruta el día, que mañana no sabes lo que ocurrirá.

En el Estado es hora de cambiar el foco de la atención de la formalización al crecimiento de las empresas. Necesitamos mucho más modelos de éxito que den pautas sobre las rutas a seguir y las empresas a imitar. Debemos ocuparnos de que más empresas logren tener sucursales, de que amplíen sus locales industriales, de que exporten.

La pregunta que debe movilizar nuestras neuronas es ¿Qué necesitan las pequeñas empresas para crecer? Y las respuestas deben ir por el lado de instrumentos financieros para el crecimiento, políticas intensivas de capacitación gerencial y laboral en temas específicos vinculados a actividades empresariales específicas y también planificación urbana y habilitación de nuevas zonas industriales y comerciales ¡Ya basta de pensar solo en la formalización! ¡Esa agenda ya lleva 30 años!

* Artículo aparecido el domingo 18 de diciembre del 2011 en el suplemento Mi Empresa de El Comercio.

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DNI Nebraska

El año en que vivimos sumergidos en un conflicto falaz

Nunca entiendo los conflictos de izquierdas y derechas. No los entendí en la universidad y menos los entiendo ahora cuando desde hace años que ni la izquierda ni la derecha representan, en términos ideológicos, a nadie.

Lo que veo que esconden estos supuestos conflictos de izquierda y derecha son pleitos entre personalidades sin respaldo popular. Pleitos de larga data, irresueltas disputas juveniles y un arsenal de palabrería ideológica poco relevante para la gente. Este año el ánimo ha estado fregadamente caldeado y conflictivo. Este año los peruanos hemos tenido todo el tiempo ganas de embroncarnos.

Por eso esta dicotomía, hoy más que nunca, no ayuda. Por el contrario, exacerba los conflictos y terminamos entrando en guerras absurdas en las que nadie gana, ni siquiera hay empate; con las guerras sociales irresueltas y enjauladas en aparentes conflictos ideológicos, todos perdemos. Porque lo normal, ante cualquier situación problemática es analizarla para después resolverla. Analizarla en todos sus ángulos y sin prejuicios, pero cuando gana el calificativo se pierde esa posibilidad.

Las partes en conflicto comienzan a ocuparse más de encajonar al que habla en una posición (izquierda / derecha) para saber si lo escuchan o lo abuchean, y cuando esto ocurre ya nadie puede ayudar. Lo mismo que pasa con izquierdas y derechas, pasa con el tema caviar – anticaviar, mineros – antimineros, etc.

Díganme, ¿ayuda en algo al país colocar adjetivos tan excluyentes? ¿Estamos tan mal en los medios de comunicación que varios de sus principales líderes promueven esta adjetivación dicotómica? ¿No estamos, con ello, finalmente promoviendo la incomunicación?

¿Por qué más bien no comenzamos a poner los problemas de fondo sobre la mesa y comenzamos a discutirlos entre todos? El progreso y la democracia se construyen conversando y discutiendo. Hablando y, sobre todo, hablando en libertad. Así bajan los malestares iniciales y comienzan a llegar los acuerdos.

Que al comienzo la gente se expresa con cólera, pues sí, hay que tener aguante para escuchar el desahogo de sus quejas y resentimientos. Luego de eso comienzan a aparecer las razones y con ellas la posibilidad de llegar a acuerdos. Así es siempre en cualquier relación entre humanos.

Una regla básica del marketing dice que hay que escuchar, fundamentalmente, a los clientes insatisfechos. Los campesinos andinos y los nativos amazónicos son los clientes más insatisfechos del Perú. Ya no lo son ni los maestros ni los sindicatos, y menos los empresarios.

Deberíamos sentarnos a escuchar para después resolver con ellos. Su amargura, en realidad, es un reclamo. Están pidiendo ser parte del desarrollo, no se oponen a él. Están molestos.

En comparación, mientras para nosotros la vida parece cada vez más fácil, a ellos se les pone cada vez más difícil. Nadie está pensando en el desarrollo de sus actividades económicas, no acceden a líneas de crédito y los servicios que reciben son pésimos.

Los amigos de Perú Nebraska han recibido este año más atención del Estado peruano que muchos de los campesinos y nativos amazónicos en el último quinquenio.

Publicado en Diario16 el sábado 17 de diciembre.

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campesino

Si no funciona ¿cuándo lo arreglamos?

El Estado no funciona para los campesinos ni para los nativos de la selva.

Me podrán responder que funciona mal para casi todos, y probablemente sea verdad; pero para los campesinos y nativos no funciona en lo absoluto.

“La culpa la tienen los gobiernos locales y los gobiernos regionales ´que no gastan´ el dinero que tienen o, que si lo gastan, lo hacen ´en tonterías´” – dicen los que saben. Y yo pregunto ¿Cuánto tiempo más vamos a pasarnos en la situación: “yo no fui, fue Teté”? Si el Estado nacional creó una situación que no funciona, pues es su obligación resarcirla.

Hace más de ocho años que se está repitiendo la misma cantaleta y el problema sigue igual o peor. “Hay dinero” pero las cuestiones básicas no funcionan. El sistema de salud sigue siendo pésimo, los policías no brindan seguridad (más bien se asocian con los delincuentes) y el sistema judicial perenniza las injusticias. Quizás los que mejor cumplen con su misión son los profes, aunque, paradójicamente son los más atacados por el gobierno central y la intelectualidad limeña. Y si hablamos de infraestructura, con tanto candado puesto… ¡la verdad, ya da vergüenza!

Si lo más básico no funciona, mucho menos las otras cosas: ¿Cuántas veces mencionó Alejandro Toledo la frase “política de desarrollo rural andino y amazónico” en su gobierno? ¿Cuántas Alan García? ¿Ollanta Humala ha dicho algo al respecto?

¿Cuánto dinero existe para capacitar al campesino y a los nativos? ¿A cuántos programas de capacitación acceden? ¿Sabe alguien si acceden a crédito y a qué tasa de interés?

Mira tu plato de comida y agradece. Esas verduras, que pueblan la deliciosa ensalada con la que pretendes adelgazar, se la debes a una serie de campesinos. Lo mismo que la papita amarilla que cubres con esa salsa a la huancaína que tanto te gusta.

Esos campesinos que permiten que te relamas cada vez que almuerzas, no tienen una línea de desarrollo posible salvo la de abandonar sus tierras. Y están hartos de gritar y que nadie les haga caso. Lo cual, como supongo somos todos conscientes, es un absurdo.

Necesitamos a los campesinos y a los nativos amazónicos y necesitamos su desarrollo económico y social. Sin embargo, los aplastamos con nuestra indiferencia y nuestra discriminación. Hoy solo existen cuando se oponen a una gran inversión minera.

Sierra y selva rurales están siendo despobladas. Los jóvenes más inquietos han migrado en busca de un mejor futuro. Mucha tierra hoy está en mano de los abuelos o de los que más temen el cambio. En términos de capital humano, sierra y selva rural se vienen descapitalizando para perjuicio de toda la sociedad peruana.

Mantener un paro por nueve o más días es, socialmente, de las cosas más difíciles de hacer; más aún cuando los que paran son los pobrísimos del Perú. La acción de Cajamarca ha sido un grito para que despertemos de nuestra autocomplacencia.

¡Declarémonos pues en emergencia! Nuestro Estado no sirve y, por tanto, de nada servirán tres mil ni quince mil millones de dólares.

¿Quién se apunta a pensar la cuestión andina y amazónica por nueve días? y ¿Dónde nos reunimos?

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3_CAJAMARCA

Rarezas de un “país minero”

Me parece que la gran mayoría de limeños nos beneficiamos más de un proyecto minero, gasífero o petrolero, que los pobladores de los departamentos donde se desarrolla las actividades extractivas.

Así mismo, los peruanos que vivimos en las ciudades gozamos de mayores beneficios del negocio minero que los peruanos que viven en el mundo rural andino y amazónico que es donde están la mayoría de yacimientos explotados y por explotar.

Que los campesinos andinos y los nativos de la selva vienen anunciando hace más de diez años que no están conformes con lo que les está tocando y con lo que está pasando en sus tierras. Sin embargo, sistemáticamente y a pesar del gran número de movilizaciones, muertos, heridos y proyectos mineros paralizados nadie los está escuchando. Los limeños nos estamos tapando las oídos y mirando para cualquier lado generando la exasperación de campesinos y nativos.

Que los movimientos terminan teniendo dimensiones aluvionales a pesar de tener, por lo general, líderes mediocres e inconsistentes.

Que a pesar que las poblaciones votan democráticamente por líderes nacionales que ofrecen caminos distintos, estos líderes terminan traicionando sus banderas apenas llegan al poder sin ofrecer ninguna explicación. Pasó con Toledo, pasó con García y vuelve a pasar con Humala.

Que la noticia que cualquier medio de comunicación extranjero recogería en estos días es sobre lo que está pasando en Cajamarca, sin embargo, casi todos los medios limeños han privilegiado mandar sus mejores equipos a Cusco a entrevistar a los personajes que cotidianamente entrevistan en Lima. El poder mira a su ombligo y el ombligo solo puede mirarse a sí mismo.

Que cuando se trata de hacer marketing para los ricos del Perú se pueden gastar enormes cantidades de dinero en estrategias masivas y de BTL pero cuando se trata de explicar proyectos billonarios a los pobres del Perú se gastan centavos.

Que en Lima nos hemos otorgado el derecho a poner rejas a calles, parques, playas y etcéteras solo para que no entre gente con la que no nos gusta toparnos, pero nos sorprendemos cuando un grupo de personas quiere poner freno a empresas que pretenden cambiar radicalmente su estilo de vida y todo su ecosistema a cambio de darles un empleo y empacharlos con dádivas cada vez que les aflora un descontento.

Que los limeños nos hemos acostumbrado a arrasar con la dignidad de las personas que no son como nosotros. Que nos hablamos a nosotros mismos, en lugar de dialogar con el país. Que liderarnos para nosotros solamente, en lugar de liderar una nación.

Que cuando hablamos de progreso del país estamos hablando de nuestra riqueza personal y el bienestar de nuestras familias pero, en realidad, no nos estamos interesando si los otros peruanos comparten nuestras apuestas y criterios de desarrollo.

Hace casi 20 años que se capturó a Abimael Guzmán y con ello se puso fin a una época terrible en el país. En ese momento, ni reflexionamos ni enmendamos rumbos. Y la cosa sigue igual, “Lima” se asusta cada tanto y dice “pucha, tenemos que cambiar”. Pero no cambiamos.

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